domingo, 23 de marzo de 2014

Excuse Me Mr.



Cambiar de vida es posible sin tener q cambiar de ciudad, país o continente.
Simplemente tienes que cambiar de trabajo y YA.
Trabajo nuevo lleva a gente distinta, escenarios distinto, transporte distinto, ritmo distinto…
Por lo menos en mi caso.
Llevo dos meses con un proyecto nuevo y he dejado atrás (o casi) mi antigua vida y mis antiguas y ridículas obsesiones (o casi también).

Ahora no duermo mucho, aprovecho el tiempo que tengo al máximo y me faltan horas en el día, porque seamos honestos, el horario de persona normal establecido no mola nada.
Desglosemos:
Madrugas, y nadie te ayuda, te vas a trabajar y en mi caso lo hago en transporte público. Así comienzas la aventura del día a día.
Trabajas y el tiempo restante que queda está limitado para hacer cualquier cosa que requiera un poco de dedicación.
Sinceramente creo que los ratos del transporte público son los que más me divierten. Vamos todos medio zombie y con varios papeles a desempeñar como por ejemplo el del lector o la maquilladora express, o el que va dormido directamente. También nos podemos encontrar con los chateadores pro, los nihilistas que van sin hacer nada, los ambientadores, los del Candy Crush, los baterías,……Infinidad de personajes a diario encerrados en vagones de tren o autobuses.
¡Y yo me lo quería perder!

Otra de las cosas que me llaman mucho la atención cuando voy en transporte público es el criterio de selección que hacemos a la hora de elegir el lugar para asentarnos.
Si vas de pie intentas buscar un sitio más o menos estable y poco más. Pero ¿cómo es ese momento en el que tienes 6 asientos libres, todos con ocupantes contiguos, y te decides por uno?
Son décimas de segundo en las que tu cerebro hace un reconocimiento ultra rápido y toma
 una decisión no sé muy bien en base a qué porque si realmente lo pienso creo que al final te mueve más la inercia o el propio cansancio.
Pero ¿Dónde origina esta idea?
Os lo voy a contar.

La semana pasada cogí el autobús. Cuando subí, entre frenazos y acelerones buscaba un sitio en el que poder resguardarme del frío (ajjajaajajajjaj).
Pasé al lado de un chico veintreintañero, que iba con una mochila la cual iba ocupando su asiento de al lado.
Me miró, le miré, y no hizo ni el más mínimo gesto de apartar su mochila para que yo me sentase. Pensé que era un maleducado y simplemente seguí con mi vida.
Cuando finalizó el trayecto, nos bajamos todos del autobús y observo que el chico maleducado lleva una falda larga!!!!!
Me quedo un poco flasheada ya que las gafas que llevaba, os aseguro que no pedían una falda como complemento de moda.
Como no me cuadraba nada me acerqué más para saber de qué iba el rollo, y cuál fue mi sorpresa al descubrir ¡que se trataba de una sotana!

Ahora empezaban a encajar las piezas.

Curas que van en transporte público y no te ceden el asiento no vaya a ser que ¿les tires los tejos? ¿les violes? ¿les secuestres para una orgía?
Vamos a ver!!! Un poco de humildad señores clérigos!!

¿O el problema real era que se sentase una mujer al lado la cual le provocase pensamientos impuros? Eso tiene más sentido.

Pecado venial. ¡A confesar toca que para eso ha hecho un juramento! 
Por la parte que me toca, me encanta formar parte de su confesión, señor cura del autobús.

Una anécdota entre las muchas que te pasan a lo largo de los días, semanas, meses…en los que se convierte tu vida diaria.

Malasaña con sus barbas, sus bicis y sus calles meadas, se alejan poco a poco de mí y yo más feliz que un regaliz. Ahora soy más de curas y de polígonos. Eso sí, mi esencia sigue intacta.


Feliz Domingo!!!
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Para acompañar una de Sons Of Rico





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