martes, 3 de diciembre de 2013

Rayando limones

Hoy he tenido un día muy desdichado.
Todas las cosas que he intentado hacer, han salido al contrario de como yo quería.
Negatividad y pesimismo en todo lo alto.

De camino a mi clase de danza, he parado frente al escaparate de una librería antigua en la calle Hortaleza. El título y la foto de uno de sus libros me ha llamado la atención.
“La insólita amargura del pastel de limón”




Me he quedado mirándolo unos minutos y sin pensar mucho más, he pasado dentro y le he preguntado al amable tendero que si por favor me podía enseñar uno de los libros del escaparate.

Mientras esperaba dentro, me he fijado en lo mucho que me recordaba esa librería a la de la película de “la Bella y la Bestia” en la que Bella deja su libro alquilado y pregunta si han llegado libros nuevos.

Total, que mi querido tendero a aparecido con el libro que me había gustado en la mano.
Sin leer ni de qué trataba he decidido llevármelo.

-¿Le puedo pagar con tarjeta?, le pregunto.
-No llegas al mínimo para pagar con tarjeta.
-Pues ahora vuelvo. Voy al cajero, saco dinero y se lo traigo.
-No hace falta. Ya me lo pagarás cuando puedas.

Me he quedado entre incómoda y sorprendida.
No quería llevármelo así. No sé el motivo, pero es lo que he sentido.
Y entonces, el señor tendero me ha mirado a los ojos y me ha dicho:
- De verdad, no te preocupes.

Automáticamente me he sentido mejor. He pensado que era una señal.
Igual no es el libro de la historia interminable, pero sinceramente, si lo fuese, hoy sería arrasada por La Nada. Así que prefiero que sea algo más ligero.

Cuando me he marchado, he leído el resumen que viene al dorso del libro y la historia trata de una niña de 9 años que adivina a través de los alimentos el estado anímico del que los ha cocinado.
Un cuento para adultos. Seguramente con moraleja.

Para finalizar el día, he vuelto a casa caminando envuelta en este frío que nos acompaña estos días. Despejando mis ideas, me he topado con este precioso carrusel en medio de los jardines de Oriente.



No había nadie. Estaba apagado.
Y mientras lo observaba, me he fijado en lo mucho que brillan las estrellas cuando hace frío.


Me voy a la cama para empezar mi aventura con los limones, y mañana pienso hacerle unas magdalenas al señor de la librería, por si puede saborear el agradecimiento y el calor que me ha hecho sentir él a mí esta tarde.

http://www.youtube.com/watch?v=GvEfUf1Ux20



1 comentario:

  1. Lo extraño es que ese tipo de cosas nos hagan poner los ojos como platos y lo veamos como algo anormal en este mundo actual. Y detallazo el tuyo con lo de las magdalenas.
    P.d. Deseando estoy de saber algo de ese libro. Tiene buena pinta.
    Saludos y felicidades por el blog, muy interesante maja. Besos.

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